Voilà Acoustique
Pensé que aquí encontraría puros bateados del Ragga, el lustroso antro de al lado. Pero no. El público de esta sala de conciertos resultó ser diferente. Lo primero que llamó mi atención fue lo rojo de la alfombra y los sillones. Y las mesitas circulares en las que caben cuatro personas, todas mirando al escenario y la pista. Yo me senté en el segundo piso, desde donde pude presenciar el espectáculo con perfecta visibilidad. Esa noche se presentaba Willy Chirino, o sea que el plan era escuchar salsa cubana y bailar por horas. Y así fue. Todo acompañado por lucecillas, bebidas caras (¡60 pesos una cerveza!) y comida rica (la ensalada César bien, aunque escasa). Los meseros, hay que decirlo, muy atentos y simpáticos. No pensé que el lugar fuera a llenarse, pero a las 22:30 horas toda la pista estaba ocupada por amantes de la salsa. Mucho baile y gente de entre 30 y 50 años.Entonces fui al baño, que por cierto no cerraba bien. Balancear la bolsa en una mano y sostener la puerta con la otra es toda una hazaña. Los 10 músicos de Willy tocaban las trompetas, bajo, percusiones y piano. Yo, con mis dos pies izquierdos, decidí quedarme sentada. Y la pasé muy bien. El sonido era agradable, el escenario bonito y la música fenomenal. Y de regreso a mi casa el alcoholímetro. La lección de la noche: es posible salir en 00:00 con una cerveza y una ensalada César.
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