Sobrinos
¿Qué esperar de un restaurante que, según su eslogan, ofrece "cocina de barrio" en la Ciudad de México? La respuesta tiene que ver con la ubicación. El Primos abrió sus puertas hace cerca de tres años en la blanca esquina de Michoacán y Mazatlán, y eso le permitió convertirse en un excelente lugar para ver y ser visto… en el barrio. Y además comer estupendamente. El brunch del fin de semana pronto se convirtió en un clásico, así como la formidable barra para tapear y beber después del trabajo. O sea, un éxito inmediato. Lo mismo con la discreta panadería de Alfonso Reyes, con pizzas y unos chocolatines imperdibles. Y, como si esto fuera poco, en diciembre del año pasado, los propietarios inauguraron el Tíos al poniente del DF, con un menú más orientado a la cocina española y comensales con un perfil ejecutivo; entonces quedaron claras las afortunadas intenciones expansionistas de los propietarios. Así, la reciente apertura del Sobrinos no ha sido ninguna sorpresa; lo que sí asombra es que en pocas semanas hayan logrado concentrar a tantos veinteañeros y treintañeros en la esquina más privilegiada de la avenida Álvaro Obregón, con todo y crisis. ¿Serán las tostadas?, ¿los ceviches?, ¿la pulcra decoración?, ¿la buena fama que sugiere la tipografía tan característica del logotipo? Quizá se trate de la idea de la cocina de barrio. Al parecer, el concepto se refiere a las sugerencias del día, que se anota en un pizarrón, a las tapas y a la sensación de encontrarse en un bistró mexicanizado. También sirven platos fuertes, generalmente mediterráneos. Ahora sólo queda preguntarnos si algún día abrirán un Nietos o un Abuelos. Ojalá.
Pide esto:
> Salpicón de dorado para compartir.
> Sopa de almendras o sopa de fideo seco.
> Pulpo a las brasas con arúgula y páprika o filete de res con setas.
> Brownie de chocolate con helado.
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