
Fin de semana en Tlaxcala
Es tan cercana a la Ciudad de México que vale la pena una visita. Salir temprano rumbo a Puebla, tomar la desviación al pasar los volcanes, que son espectaculares y maravillosos, y en menos de dos horas uno ya está paseándose por la arbolada plaza central, probando los dulces de fruta de las abuelitas o los panes con mazapán. Todo es pequeño y lindo y amable y es muy fácil hacer recorridos, incluso fuera de la ciudad, a las haciendas que los familiares herederos o empresarios han reconstruido para vender pulque o procrear toros de lidia o rentar habitaciones elegantes a los turistas. Otra opción es recorrer praderas para llegar a Huamantla, pueblo religioso y productor de tapetes de flores para los santos y túnicas de oro para la virgen de la iglesia. Y quedarse en el hotel Misión, el más importante de la región, con su cascada que reverbera toda la noche y hace soñar profundo, en un pueblito que cada año prepara trajes de carnaval. Se come mucho, se prueba pulques de sabores frescos, se remonta uno a los tiempos de conquista y se la pasa a gusto descubriendo murales históricos y cuadros del virreinato en sus bellos recintos. No dejes de ir.
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