
San Miguel de Allende: orgullo no sólo de sanmiguelenses
Los popósitos del viaje: disfrutar de su reciente adquisición del confortable hotel que ocupa lo que fuera la casa y terrenos de Cantinflas, descubrir lugares olvidados o recién inaugurados entre las calles empedradas y hacer nuevas visitas ecológicas.
Ahora que los tradicionales hotelitos del Centro han subido precios hasta las nubes en atención a los turistas extranjeros, es buena idea alojarse en el espacioso Hotel Misión, que además cuenta con amables jardines, refrescante alberca y amplio estacionamiento, y está justo antes de la bajada al pueblo y al tráfico, para poder dedicarse el día entero a caminar por las calles tan simpáticas del lugar.
Entre las novedades está un simpático bar lounge de azotea, de nombre Bezzito, con maravillosas vistas nocturnas de las cúpulas de las iglesias, el pequeño tranvía diurno para echar un vistazo a las casonas y parques, y un poco más lejos, camino a las albercas de aguas termales, el centro de artes plásticas La Aurora, instalado en una vieja fábrica de hilados, sumamente atractivo y agradable. También debe considerarse la visita a la pequeña capilla de Atotonilco, además de planear una mañana entera para recorrer el jardín botánico, que recoge y resguarda múltiples especies de cactus (¡cuidado con el popó magenta de los zorros nocturnos!) y ofrece vistas panorámicas de la presa que protege la zona en épocas de lluvias y es donde se escenifican conciertos clásicos al aire libre.
El nuevo lema de San Miguel de Allende es "Corazón de México" por su locación geográfica y recién descubierta importancia en la planeación intelectual de la Independencia de nuestro país, explicada en el museo de Allende, por lo que pasar unos días allí rebasa la diversión de los bares y la oferta de las tienditas de artesanías para convertirse en un destino de identificación y crecimiento cultural, muy satisfactorio. Y al volver, ¡llévate un corazón de latón!
La foto es de Hugo Alarcón.
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